“…Yo me vestí, atiné a vestirme porque de tanto repetirte entre gemidos una cosa, me asqueé. Abroché el botón de mi pantalón y me arreglé el chaleco, que parecía desgarrado; siempre fuiste un monstruo, un pasional sin cuidado. Corrí, me sentía mal. Yo, que no tengo más de 30 años, quedé devastada bajo el mando de un pensamiento y de un sentir que me nublaba la mente; que me hacía ser la perra insegura en la cama, me hacía ver como una de 19; al final siempre te daba el control a ti, porque yo no cachaba mucho, me daba hasta vergüenza acostarme contigo. “Mira la jovencita... haciendo cosas de adultos”. Por eso que no funcionaba, y aunque tú siempre me dijiste que no había problema alguno, que tú me querías y me respetabas, yo sé que te pasabas eso por la raja. Tú, a mí, no me engañas. Si crees que por ser 13 años menor tengo una deficiencia mental frente a reconocer tus pensamientos marchitos, te equivocas. Las acciones siempre hablan más que cualquier otra cosa, pero entiéndeme, yo no puedo ser lo que tú quieres. Puedo modificar mi masa mental y aprender de tus enseñanzas, pero no puedo convertirme, yo soy terca, y tú lo sabes. Tirar por la borda mis esfuerzos, también es válido, pero en mis adentros de verdad, deseé que lo apreciaras en su momento. Yo te quise, harto. Re-harto. Y tú sabes, yo no quiero a nadie, me acostumbre a tener el corazón sólo pa’ latir. Acuérdate que dicen que si los órganos no se ocupan, se atrofian, y el mío está muertito. Esta haciendo tuto, y ahora en verdad, yo creo que está en coma… como lo dejaste al pobre. Me gustaban eso sí, tus reproches me llenaban el alma. Yo creo que entre más duro, más gritón y con más espinas, me gustaba más. Tú me gustabas más mientras más daño me hicieras; dicen que eso es la costumbre. Y es adictivo, cuidado ahí. Por eso ese día corrí, yo sabía que estarías ahí, ahora venía el "perdóname, tranquila, nos vamos a ir". Nunca fue. Pero te perdono porque tu daño me hizo única, ya soy más fuerte, nunca como tú. Yo nunca voy a estar a tu altura, ambos los sabemos y para ser 100% honesta, creo que nadie podría alguna vez estar a tu altura. Cuero de chancho; pero calma, que acá nadie está dando pena… entramos a ser honestos ¿o no? Y si es así, tampoco te guardo rencor, necesito que lo sepas. Ahora estoy… Ahora siento dolor. Dolor por ti, ni siquiera es amor. Es dolor. Ahora que escribo, en éste papel, en ésta carta, siento que estoy fuera, que veo todo desde afuera. Incluso siento que te está hablando otra parte de mí. Esa frontal, media revoltosa que no conociste porque yo contigo al lado era una mujer descarrilada de sus propios caminos, de sus principios; con otra esencia, con un aroma y un sabor distinto, la inseguridad con patas. Porque te veía arriba, ahí, amplio, dibujado en la silla con el pulso enrabiado, tu silueta a la luz de la ampolleta, las canciones; verte, así, era la felicidad, aun sabiendo que nunca iba a poder llenarte, que jamás íbamos a estar a la par. Yo era la que tenía que ir alimentándome de ti, tú no ibas a tomarme. Ahora, cuando releo, es cuando me surge la pregunta ¿Por qué nos juntó la vida? ¿Por qué no nos juntó sólo como amigos o compañeros de trabajo que fuimos? De hecho, sería todo más fácil, hasta más lindo, quien sabe. Ahora que el dolor es mí pasillo, directo al reencuentro con la supuesta alegría tan esperada, sólo me dejo querer por las imágenes que me quedan, los recuerdos medios enteros. Pero éste infierno se va a acabar, de hecho ya se está apagando.
Esa cama tiene mi mejor acto guardado entre sábanas, el más lindo y el más desatado también, pero tiene mi luz; la tuya no, por supuesto. Por eso mismo es que nunca llegué a amarte, porque jamás pude verte conmigo, a la par. Nunca pudimos ser uno, eras tú, y yo tratando de que me quisieras”
2 .:
pamela, veo que tenemos el cabello de un parecido color. Saludos (:
tristemente bello escrito.
Publicar un comentario en la entrada