
Realmente no cachan. No comprenden lo desagradable que resulta despertar de Lunes a Viernes con hasta los huesos helados (y eso que vivo e la ciudad de la eterma primavera). Me paro entumida, abrazando mi propio cuerpo camino a la ducha. Ducha rápida, mi mal humor a flor de piel y el dolor de cabeza mañanero; mi mejor amigo. Corro a mi pieza con la tohalla enrollada, buscando con la mirada la camisa, la falda y la corbata para no atrasarme, ni recibir miradas mala onda tan temprano; aquí en mi casa, en la mañana todos corren (esto de ser hija de profesor...). Mi mamá llega a mi pieza con una taza de té; no puedo comer nada porque mi estomago le hace el quite a todo lo que le caiga. Y mi pelo... lo peor del día; que la crema, la laca, el pinche, muy ordenado, muy desordenado, sin volumen, "filo mamá, voi a así nomás". Mi padre está listo, impecable, lleno de energía y yo, pálida con ojeras, apurada, y con la mochila sin terminar. Busco los cuadernos debajo del mueble del pc con la motricidad al 100%, y me hecho su polvito loco para mejorar la cara poco amistosa que me acompaña. Agarro la mochila, el celular, un lápiz, y el polerón, corro escaleras abajo intentando no marearme, subo al auto y parto a mi "segundo hogar" (cocepto MUY mal utilizado). Me bajo rápido escuchando a mi papá decir "vamos Pame, aprovechemos de cruzar".El señor carabinero me da la pasada parando el tráfico, mientras yo lo miro con una cara de rebelde adolescente infectada con la prescencia escolar y rellena de palabas contra la BITCH que tiene de compañera de curso que se jotea al único macho alfa que pudo encontrar decente en el establecimiento educacional. Y bueno, finalmente me siento al lado del mismo loco que llega temprano, esperando el timbre.
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